27 septiembre 2007

NOMADISMO ACADÉMICO VS COMUNIDAD ACADÉMICA. Apuntes para el Comité Central de Currículo/USC


En La estructura de las revoluciones científicas (1971), T. S. Kuhn precisa que las comunidades científicas – y académicas – comparten lo que él denomina matriz disciplinaria, la cual puede ser comprendida como el conjunto de elementos en torno a los cuales se constituye la unidad de dichas comunidades. En este sentido, una particularidad importante de las comunidades científicas / académicas es que son precisamente ellas quienes producen y validan por consenso el conocimiento científico/académico/pedagógico. Esto nos conduce a contemplar la perspectiva de la sociología del conocimiento, la cual concibe a la ciencia como una estructura social y cultural, formada por interacciones sociales y cognitivas. Se habla entonces de un conjunto de individuos que actúan y se relacionan para otorgar sentido al grupo que constituyen.

¿Existe en nuestra Universidad una verdadera Comunidad Académica? ¿Podemos hablar de ella o ellas en propiedad en nuestro entorno? … no lo creo como muchos de ustedes reconocen, pero para no quedar en juicios sin proposiciones, sitúo desde ya, los elementos necesarios que considero para lograr avanzar en la conformación de una(s) Comunidad(es) Académica(es):

a) una convivencia espacio-temporal relativamente estable, determinada por relaciones humanas y profesionales; b) interesada en compartir, superar y observar los efectos de sus decisiones ante problemas significativos en el campo académico. En ese sentido, entenderemos que son parte del campo académico el conjunto de unidades académicas destinadas al estudio y a la enseñanza de los diversos campos de formación profesional, donde se reproduce la teoría, se desarrollan procesos de la investigación y formación universitaria siendo protagonistas centrales de este los estudiantes, los docentes, el personal administrativo y de apoyo. A la vez, una Comunidad Académica debe c) ser capaz de incorporar nuevos miembros sin que d) se alteren sus creencias, valores y presunciones en un proceso de e) construcción continua de consensos internos.

Tales condiciones no son exclusivas de la Universidad Santiago de Cali para construir comunidad académica, lo son de cualquier Universidad y para cualquier comunidad académica. A futuro me centraré en algunos aspectos que son significativos en la definición anterior.

Digamos que el 2002 fue un año de inflexión en la comunidad santiaguina, los pasos de la nueva política universitaria enunciada en el ¨Nuevo Rumbo Universitario¨ comenzó con la aparición de docentes llamados de dedicación exclusiva; la creación de condiciones mínimas en infraestructura para la investigación, la recuperación de una organización académica por Facultades entre otros pasos. A la par, comienzan a ejercer presión las normatividades del Ministerio de Educación Nacional que establecieron las Condiciones Mínimas, Acreditación y luego las de Alta Calidad con fuerte orientación a consolidar el entorno de los campos de formación profesional. Todo ello nos condicionó a que se comenzara a dibujar un escenario nuevo, un contexto nuevo. Nosotros seguimos mayoritariamente, siendo los mismos. La dinámica forma vs contenido no adquirió unidad.

Como si fuese poco, los desarrollos científicos en los diversos campos del saber han hecho estallar no sólo muchos de los paradigmas en las diversas disciplinas del conocimiento humano, si no, en la propia gestión del conocimiento, en los procesos de enseñanza aprendizaje.

Lo anterior muestra la existencia de una tensión para la Universidad ante un doble movimiento del conocimiento: uno centrífugo que profundiza epistemológicamente en las áreas más particulares de los campos del saber; y otro centrípeto que busca interconectar esos campos del saber con la lógica del campo de formación profesional en interés de procesos formativos más ligados al predominio de una razón práctica de los futuros profesionales.

La ruptura de los egos y la consolidación del equipo.

En ese sentido, el campo académico en general y el campo curricular en particular, deben propender como ya se ha afirmado en este Comité Central de Currículo, a estilos de trabajo, prácticas culturales, capaces de responder a los desarrollos de los campos del saber desde una concepción flexible y transdisciplinar.

Urge que el docente como eslabón fundamental de la Comunidad Académica, comprenda que su fortaleza epistémica en verdad no está en sus estrechos límites específicos y sí en su capacidad de generar diálogos de saberes, no sólo entre sus colegas sino desde los procesos de enseñanza-aprendizaje con sus estudiantes. El espacio para los egos debe ser el de los equipos de trabajo para hacer estallar definitivamente entre otras cosas, la estrecha mirada asignaturista y transitar a lo problémico, la concepción de proyectos que exige la transdisciplinariedad.

Se hace necesario trabajar para crear una verdadera y sólida Comunidad Académica, aunque ya podemos hablar de proto-comunidades académicas a raíz de los cambios iniciados en el 2002 y en algunos casos desde antes pero con costos humanos e institucionales en nada reconfortantes.

Hace falta entender por un lado, que el fortalecimiento definitivo de la(s) Comunidad(es) Académica(s) es un imperativo categórico de la Alta Calidad y las nuevas dinámicas de la globalización (con un TLC a nuestro lado), que no admite simulacros. Mencionaré para sustentar la problemática en un caso en particular, los Departamentos, pero que es extensible a las áreas, los Programas y Facultades como otras unidades académicas en las que cohabitan diversas comunidades académicas y llegan a ser en sí mismas comunidades.

Los Departamentos, son unidades nominales de trabajo docente-administrativo que deben tener equipos de docentes adscriptos a ellos, según perfiles acordados por el Consejo Académico, unidad curricular, planes de perfeccionamiento docente, claridad en compromisos investigativos, producción intelectual y una estabilidad laboral que garantice la posibilidad de sentido de pertenencia e identidad para con la Universidad como espacio de convivencia y trabajo académico.

La realidad es testaruda y la lógica organizativa interna de la Universidad anterior al 2002 perdura en lo tangible e intangible de nosotros, no garantizan la posibilidad de crear o consolidar Comunidad Académica en derredor de los Departamentos u otros espacios, por el contrario, justifican, explican una actitud y aptitud dispersa, de bajo perfil y competencias para desarrollar relaciones humanas y profesionales con capacidad e interés en compartir, superar y observar los efectos de sus decisiones ante problemas significativos en el campo académico. Es lógico pues, entonces entender las resistencias a los cambios y a la consolidación de creencias, valores y presunciones en torno a la Universidad y sus procesos internos.

El fortalecimiento de los Departamentos, no como estructuras administrativas, y sí como espacios de COMUNIDAD ACADÉMICA desde las condiciones expuestas, es la mejor posibilidad para el desarrollo de los campos epistémicos, e influenciar en las nuevas lógicas pedagógicas dentro de los campos de formación profesional.

Los Departamentos han de cumplir la función de puentes con los otros campos del saber como espacios de comprensión transdisciplinar. Lo anterior, solo será posible si hay bases epistémica sólidas para lograr desarrollos transdisciplinares sin caer en el todo vale o el todo cabe tan común al diletantismo y la improvisación que hacen de no pocos docentes nómadas entre las diversas Universidades de la ciudad.

Los campos de formación profesional deben romper con la razón instrumental y abogar por el encuentro con un conocimiento más estructurado desde la multilateralidad de los objetos de estudio. Lo dicho claro está, tendrá sus particularidades por las especificidades de cada campo de conocimiento y el propio acto pedagógico que en momentos debe hacer abstracción para ¨cortar¨ la realidad y hacer aparecer las asignaturas.

No obstante, la pedagogía crítica se acerca más a diseños curriculares centrados en los problemas, en la razón práctica, el argumento, que en miradas segmentadas. Hoy, es más importante el saber colectivo, el aprendizaje en equipo que el individual y porqué no decirlo, hoy es más importante el proceso pedagógico del equipo docente, que el del docente aislado, ¨el maestro¨ en su saber enciclopédico que encierra la realidad en los límites de su curso.

Disculpen hacer un alto y volver en retrospectiva como un film, para tocar algunas ideas que considero han quedado en el ambiente:

Campo y Disciplina como conceptos centrales para la comprensión de Comunidad Académica.

Entendamos campo, en tanto “un espacio social estructurado ¨[1], en donde coexisten fuerzas dominantes y dominadas de relaciones constantes, permanentes y de desigualdad que permite la construcción de sentido, entendiendo por ello la posibilidad de lecturas globales, explicativas y comprensivas de la(s) realidad(es). Desde esta primera noción, los Departamentos son campos de formación profesional.

Igualmente, este concepto, promueve a la existencia de objetos, discursos, sujetos, conocimientos y acciones. De esta forma, el Campo/ Departamento, es productor-limitador de sentido y productor-formador de nuevas dimensiones formativas.

Ahora bien, siguiendo con este análisis, adentrémonos en el concepto de disciplina desde la perspectiva de Edgar Morin cuando afirma:

una disciplina tiene como función circunscribir un campo de competencias y existen para estructurar y separar [2]. Por el contrario campo (…) busca abrir las fronteras para articular fenómenos procedentes del encuentro entre diferentes disciplinas y de resolver la tensión fundamental existente entre unas disciplinas constituidas y un proyecto interdisciplinar en formación que pretende reorganizar las maneras de pensar y analizar[3].

Vista así las cosas, encontramos más y mejores razones para considerar el espacio de acción de los Departamentos en la dimensión del concepto de campo, dejando el de disciplina, más ajustado al ya mencionado campo curricular que está en conjunción con el campo académico sin agotarlo.

De todo lo anterior, se pueden identificar varios subcampos en el escenario justamente del campo académico que definen funciones o variables para ver a una comunidad académica:

el científico, implicado en prácticas de producción del conocimiento, el de la investigación académica o formativa que tiene la finalidad de producir conocimiento teórico y aplicado por medio de la construcción de objetos, metodologías y teorías; el educativo, que se define por prácticas de reproducción de ese conocimiento, es decir mediante la enseñanza universitaria expresa por los diversos currículos, y el profesional, caracterizado por prácticas de aplicación del conocimiento y que promueve vínculos variados con el mercado del trabajo.

Finalmente, nos encontramos al acecho de una comunidad académica, tras seis años de demostrarnos que ciertamente podemos seguir rompiendo viejos esquemas, podemos saltar de las proto comunidades académicas a ellas en sí.

Para ello, reconozcamos que el conocimiento cuando es compartido con complicidad y fidelidad es el lazo más sólido de resistencia de una comunidad académica frente a todo obstáculo. Lo que se acepta por otros, se comparte otros y supera los debates racionales y/o pasionales frente a los otros, es el lazo más fuerte de garantía epistémica. La complicidad y fidelidad sedimenta

Sugiero acojamos el documento o AGENDA DE POLÍTICAS Y ESTRATEGIAS PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR[4], como el mejor camino para la construcción de una verdadera COMUNIDAD ACADEMICA

Impulsar la aplicación de procedimientos de selección de docentes, basados en méritos académicos, personales y profesionales.

Diseñar y ejecutar programas permanentes y sistemáticos de formación, capacitación y mejoramiento de los docentes, que incluya tanto la formación doctoral como el desarrollo de competencias pedagógicas y didácticas, además de el desarrollo de capacidades de gestión académica.

Desarrollar programas de investigación y documentación de experiencias exitosas docentes, pedagógicas, didácticas y evaluativas en diferentes saberes y niveles de formación de la educación, que permitan, de una parte, generar conocimiento, y de otra, difundirse y formar a otros docentes en su aplicación.

Promover la evaluación profesoral por parte de las instituciones, conducente a generar una cultura de la evaluación, a elaborar indicadores, metodologías e instrumentos particulares que permitan valorar y evaluar el desempeño y la productividad de los profesores, a la vez que incentive su mejoramiento.

Conformar redes y cuerpos colegiados de profesores por disciplinas, ciencias y áreas del conocimiento para el intercambio de experiencias, conocimientos, resultados de investigaciones.

Desarrollar un programa para que los docentes aprendan un segundo idioma que les permita comunicarse con profesores y pares de universidades e instituciones de educación superior de diferentes países.

Diseñar programas de formación de jóvenes egresados que se hayan distinguido por su alto rendimiento durante el tiempo de estudios, para preparar el relevo generacional de docentes.


Tal vez así, encontremos un mejor camino para hacer valer en la práctica, el modelo del Nuevo Rumbo Universitario en condiciones no de nomadismo académico y si como Comunidad Académica.

Muchas gracias.

Universidad Santiago de Cali
Septiembre 27,2006.
[1] Nos acogemos a la noción de campo del sociólogo Pierre Bourdieu cuando afirma: en BOURDIEU, P., Espacio social y campo de poder, Barcelona, Anagrama, agrama, 1997 pp. 48-49
[2] OLLIVIER, Bruno, Observer la Communication – Naissance d’une interdiscipline. Texto inédito. Próxima publicación CNRS, París, 2000, p.6, citando a E. Morin.
[3] Ibid., p.8
[4] AGENDA DE POLÍTICAS Y ESTRATEGIAS PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR
COLOMBIANA 2002 – 2006 pag 16 Bogota, 2002. en http://www.cuib.org/agenda_politicas_escolombiana.pdf