26 septiembre 2007

CODA A UN PRE CANDITADO LIBERAL DEL 2010 EN EL 2006.

“Hablemos de lo imposible porque de lo posible se sabe demasiado”
En “Resumen de noticias” de Silvio Rodríguez



Prof. Pedro Pablo Aguilera
Docente-investigador del grupo GICOVI
Director Departamento Humanidades
Universidad Santiago de Cali


La “conferencia” de Rafael Pardo, uno de los precandidatos a la presidencia por Partido Liberal en estas elecciones del 2006, no deja de ser justamente una intervención electoral, verla de otro modo sería ingenuo, aunque el mismo pretenda hacerla pasar por una intervención académica. Por ello, cualquier tesis expuesta hay que verla en los límites de una campaña electoral que será muy reñida en el 2010 para un Partido Liberal atomizado y en donde la izquierda democrática aparece como la fuerza política desde la oposición, con más alternativas al poder tras dos períodos de engañosa paz romana de “autoritarismo democrático”.

Rafael Pardo Ruedas será en ese futuro cercano, sin duda, la figura protagónica del Partido Liberal en donde ya será un hecho el necesario cambio generacional o de relevo de un Partido Liberal que no resiste las actuales pero viejas lógicas políticas del presente.

El candidato anticipado del 2010, Pardo Rueda, asegura que desde 1982 ha sido una política del gobierno y de cada campaña electoral, el deseo de encontrar una solución al conflicto armado a través del diálogo. Tal afirmación, sin dudas deja el sabor que la voluntad de la paz ha estado únicamente en el quehacer de una de las partes del conflicto armado, en este caso, desde el establishment. La historia real de los hechos, si es que hay una sola historia real, muestra que no es así, son más los protagonistas.

Y los fracasos de cada proceso de diálogo más o menos serio en el pasado, está no sólo en los contendientes armados ilegales. Los culpables también hay que encontrarlos en la actitud de las fuerzas castrenses que desde la incondicionalidad constitucionalista, han actuado “desconociendo” zonas de despeje, resistiéndose a realizar movimientos de repliegue entre otras modalidades de resistencia “pasiva”; pero no sólo ahí, sino también en los otros actores internos y externos como la sociedad civil colombiana o la comunidad internacional. Dejo pues, al lector, la aceptación o no de esta aseveración sobre la voluntad única de diálogo y solución del conflicto a cargo de la clase política colombiana.

No obstante, ante el temor del olvido o la falta recurrente de memoria histórica, mencionaré la doble moral, el doble juego que realizara la administración Pastrana entre 1998 y el 2002 al enunciar su voluntad de paz en forma paralela al Plan Colombia que no fue otra cosa que un plan B, de fortalecimiento militar sin el cual el actual gobierno de Álvaro Uribe le hubiese sido del todo imposible implementar de entrada, la cuestionada política de “seguridad democrática”. Mayores comentarios sobran.

SOBRE LA COMPRENSIÓN DEL CANDIDATO DE LAS MOTIVACIONES DEL CONFLICTO.

Coincido en asumir como decía Klausevitz que “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, pero entendamos dos claridades que no pueden pasar por alto; en primer lugar la guerra en la continuación de la política por métodos violentos y no cualquier medio, en segundo lugar, la política es la expresión condensada de la economía como decía Lenin otro gran teórico y político de gran trascendencia al igual que el teórico prusiano en la historia contemporánea. Política, Guerra y Economía, entonces son conceptos indisolublemente ligado en la comprensión de la lucha por el poder y del conflicto armado interno colombiano.

Aparentemente el expositor candidato liberal y el que analiza sus palabras, tienen plena coincidencia pero la diferencia es que el político liberal deja el factor economía por fuera de la ecuación de la lucha por el poder, y tal concepción sólo oculta el problema real que representa luchar por el poder, que es ante todo un interés económico en tanto soporte y fin de un modelo político de ejercer el poder. El poder no es abstracto, es un sistema de control de validar las aspiraciones de los que acceden a él, en unos casos para concentrar la riqueza en unos pocos, en otros en las mayorías, es aquí donde la economía cobra importancia en el debate político, en el debate del poder. Porque es la economía el soporte real para ejercer la política en tanto desde ella se generan las riquezas necesarias para construir los proyectos políticos deseados. El poder por el poder, no existe; el poder es la expresión del control de los medios financieros, comunicativos, jurídicos, legislativos, ejecutivos e ideológicos para validar un proyecto político. Omitir la interdependencia entre los conceptos antes mencionados es eliminar la variable que divide a Colombia entre 31 millones de hombres y mujeres situados en la pobreza, frente a otros 14 millones de colombianos y colombianas con niveles de vida razonables y unos pocos miles de ellos situados en la opulencia extrema. Con esta precisión entonces sí estaría de acuerdo cuando el candidato Pardo Rueda expresa “o sea, no puede haber un proceso de paz ni una negociación de paz que tenga posibilidad de éxito sino interpreta adecuadamente el conflicto: si no se entiende la guerra, no se puede construir la paz”.


Para el expositor, el análisis del conflicto interno armado colombiano (que no es una guerra en el sentido estricto, pues no compromete la confrontación de dos estados o naciones), se reduce a la confrontación entre los grupos ilegales frente al Estado en lucha por el poder, en el que se desvirtúa la calidad de lo político.


Para el candidato liberal los únicos contendientes en el conflicto interno armado son el Estado y la guerrilla de las FARC, deja curiosamente por fuera los otros grupos comprometidos y de forma tangencial y sí con fuerte protagonismo como son los paramilitares, la gran empresa colombiana y actores externos como es el gobierno norteamericano. Es peligroso reducir el conflicto a simplicidades.

En Colombia el Estado, expresión de los intereses político-económicos de la clase política tradicional y del gran capital nacional-internacional, se enfrenta a un conflicto armado en el que si bien no pierde el poder central, si pierde grandes espacios de territorios y espacios simbólicos de poder ante las FARC, los paramilitares y el propio narcotráfico que son también actores ilegales del conflicto. Es un conflicto sin derrotados y sin vencedores. Es un conflicto en el que su degradación extrema al comprometer a la población civil por el uso de tácticas de terror (masacres, uso de armas no convencionales de alto poder destructivo, desplazamientos forzosos de civiles), por la capacidad de mimetismo en la población civil de los actores armados ilegales y por la existencia de una economía de guerra en poder esos grupos que le permiten enfrentar a la fuerza pública sin mayores pérdidas en un territorio indomable por su extensión y características topográficas. El conflicto colombiano es una muestra absurda y macabra para los actores armados, legales e ilegales de que “todos ganan”.

El conflicto colombiano no se debe reducir al conflicto armado. Este es la expresión extrema del conflicto de intereses que siendo como dice Pardo Rueda subsidiarios de la política, son muy importantes y en última instancia supeditan a la propia política. Me refiero a los otros intereses económicos, no inmersos en la economía del conflicto y sí a los intereses económicos no violentos que se defienden, que luchan frente a otros, dentro de los límites de la democracia: por ello la importancia de ganar los espacios de ejercicio político de los diversos grupos de poder en el Congreso, en la Cámara, en las JAL o en las JAC.

La lucha por el poder no solo se gana o pierde, se protege o se pone en riesgo desde el poder de las armas, también, y muchas veces se desprecia en los ejercicios de poder que tienen pulso al discutir una ley en el país. Es en ese entorno, el de la política, en donde se ejercen desde diferentes grupos de poder los intereses económicos que pujan por mejorar sus relaciones de poder frente a los otros. Un país como Colombia con tantas inequidades sociales por la forma tan desequilibrada en que se distribuye el PIB tiene que entender que el factor económico no es un factor más. Es el factor determinante por el que se disputa el poder desde el poder cada vez más desde las marginalidades de la sociedad y no solo en los salones del Congreso y la casa de Nariño. Tal desconocimiento dejaron de ser una advertencia en Brasil, Venezuela y Bolivia y puede ser que a futuro el caso de Perú y México.

EL CANDIDATO ANTE LA NEGOCIACIÓN DEL CONFLICTO.

Aunque el tema de la posible negociación al conflicto fue el cierre de la exposición, en los primeros “pasos” de ella Pardo Rueda hace una clara referencia a la opción militar, incluso mucho más que eso, deja claramente expuesto su inclinación por una opción militar al sostener que no pocos conflictos internos armados internacionales encuentran como única alternativa la solución por la vía de las armas. La sola mención de la posibilidad de la prolongación de la guerra y solución desde la guerra de este conflicto armado, no puede ser más que el argumento o la posibilidad para captar la atención del complejo militar nacional e internacional, y en segundo lugar, de la casta militar que encuentra en el conflicto la posibilidad de realización profesional que en realidad no tendrá ni vencedor ni vencido. Esta idea, en un político que conoce el valor de la opción dialogada ante el conflicto armado colombiano, en la que ha sido un actor protagónico como el mismo reconoce, entonces, no es más que un argumento electoral, lo otro sería de una tremenda irresponsabilidad en consecuencia política.

Nuevamente en detrimento de los propios argumentos del candidato Pardo, los hechos indican que en el caso israelí se mantiene el diálogo precario, pero diálogo, aun cuando el gobierno de Palestina tiene la línea más radical desde el fundamentalismo islámico. Igual pasa en el caso español en que el radicalismo etarra decide enfrentarse al diálogo.

Por otra parte, Pardo Rueda expone sus criterios ante las llamadas escuelas “romántica” y “realista” para abordar una posible negociación del conflicto armado interno colombiano. En verdad no conozco tales escuelas, creo que las denominaciones fueron “literarias” y no académicas, no hubo mención a politólogos o autores aunque recomendó el estudio de estos enfoques. La sorpresa no fue justamente la ausencia de referencias directas a teóricos de tales enfoques, cosa lógica en un auditorio universitario, pero igualmente lógico en una campaña en donde la calidad del discurso se sacrifica por una pretendida claridad e impacto en la audiencia potencialmente electora de su propuesta de gobierno en el 2010.

No dejo de sonreírme al escuchar que los gobiernos y las figuras de Belisario Betancourt y Andrés Pastrana son ubicados en la línea de pensamiento “romántico”. ¿Romántico las acciones de aniquilamiento y desapariciones en el Palacio de Justicia en 1985? ¿Romántica la estrategia del Plan Colombia como Plan B para fortalecer la capacidad militar ante la real eventualidad de un fracaso de un proceso de paz en el Caguan?


Uno y otro presidente no fueron nada románticos, fueron muy realistas en cada decisión y en defender los intereses de sus grupos de poder político. La mano cruenta ante el M-19 y el estatuto de seguridad no supero determinadas reformas y ser el punto de partida para Virgilio Barco en acordar otro proceso reformista con los radicalizados de ascendencia liberal que se alzaran en armas tras el fraude a Rojas Pinilla.

En el caso del gobierno de Andrés Pastrana el romanticismo no fue tal como quiere hacer ver Pardo Rueda. Pastrana no fue un presidente debil, fue indeciso, pero desde siempre optó y lo reconoce en su libro “PALABRAS BAJO EL FUEGO”, que frente al Caguan estaba el Plan Colombia con un fortísimo componente militar. El llamado romanticismo de Pastrana ha sido la primera garantía para que el gobierno de Uribe pudiera enunciar e implementar su política de “Seguridad Democrática”. Sin el Plan Colombia, Uribe estaría imposibilitado de hacer el simulacro de confrontación y victorias militares ante un grupo como las FARC que optó por un repliegue estratégico.

Lo asombroso es que un político como Pardo Rueda, afirme que los presidentes Betancourt y Pastrana “tuvieron un enfoque idealista, porque tuvieron la concepción de que la existencia de la guerrilla tenía que ver con la existencia de condiciones de desigualdad en la sociedad colombiana” ¿Será que Pardo Rueda cree que en este país hay condiciones de igualdad en la sociedad colombiana? Cualquier respuesta para demostrar las terribles desigualdades entre el campo y la ciudad; entre; entre los tres millones de desplazados y las menos de cien familias que controlan mayoritariamente la riqueza del país; entre los que no tienen escuelas, salud asegurada, un techo donde dormir y un empleo digno; entre los que no tienen derecho a la dignidad de ser humanos y los que lo son, es inabarcable en este comentario, pero las desigualdades de esta sociedad son inconmensurables y son las bases de cualquier solución del conflicto.


El futuro candidato liberal en el proceso electoral del 2010 afirma que los fundamentos de cualquier negociación exitosa es “generar confianza con quien se va a negociar” y afirma: “¿Cómo se genera confianza? Esencialmente, haciendo ver al otro que uno está en capacidad y en disposición de hacer lo que él pide, tener gestos unilaterales”.


Seamos claros la confianza así como se gana, se pierde y hay ya demasiadas décadas o siglos en los que han tenido el poder no han generado tal confianza o han estado amarrados a los que le colocan en el poder desde dentro (y desde fuera) que no tienen real capacidad, o voluntad real de hacer gestos ante las necesidades del otro. Ese otro que no es abstracto o intangible, es el campesino, el obrero, el desplazado, el marginal, el indígena y el negro, es la inmensa mayoría del país que siguen esperando hechos reales que generen confianza sin trampas mañosas de la política que hacen una fantasía a una constitución del 91 o realizan una contrarreforma agraria y ahogan al campo colombiano con la genuflexión ante Washington con el TLC.

En lo que si coincido con Pardo Rueda es que el gobierno que debe supuestamente ser el poder, nunca ha tenido ni capacidad para generar confianza en sus interlocutores en los procesos de negociación. La razón es que desde dentro del poder o desde fuera de este, pero muy cerca de el, hay intereses muy interesados en que el estado de cosas no cambie para bien. Por ello el ejército, la gran empresa, la banca han creado las crisis desde sus círculos de poder para frenar y hacer inviables cualquier negociación. Por el contrario la actitud frente a sus aliados estratégicos como los paramilitares han fructificado con impensados actos de confianza como la ley de Justicia y Paz, cancelación de las extradiciones de connotados narcotraficantes y la entrega de tierras o facilidades para ejercer presiones en la política tradicional por medio de los asesinatos selectivos de los opositores o sus allegados (recordemos el aniquilamiento de la UP) ¿Confianza para quién? ¿Gestos para quien? ¿Voluntad de qué y para qué? Pardo Rueda comparte nuestra visión cuando se adentra en el falsamente llamado proceso de negociación con los paramilitares, pero es incapaz de ver otras realidades que hemos mencionado. Pardo Rueda es muy analítico haciendo la cronología y cruce de miradas entre la actitud del poder ante procesos con las FARC y los paramilitares.

La conclusión es clara: el poder con sus aliados, aunque sean delincuentes, asesinos, narcotraficantes les da confianza y tiene capacidad para generar esa confianza; es fiel hasta en la maldad. Por el contrario con sus reales antagonistas se cierran los gestos y los actos de confianza. No hay voluntad y ahí están las mil justificaciones reales o exageradas para asumir un acuerdo humanitario.

La propuesta concreta para la viabilidad de la negociación de Pardo Rueda es: “Una política de paz que solamente tenga la negociación directa entre las partes no llega a la paz, una política de paz que no parte de una política pública no llega a la paz y una política de paz que no tenga en cuenta un diagnóstico sobre el conflicto, en mi opinión por el poder político, no llega a la paz”. Para quien ha transitado por experiencias en otros contextos o al menos ha estado relativamente cerca de ellos sabe que la afirmación del candidato no9 deja de ser más que eso, una propuesta de un candidato. Todo proceso de negociación y mencionare algunos de los más importantes en estos años han tenido en la máxima reserva la verdadera negociación, siendo conocida por el público pocas cosas. Recordemos el acuerdo tripartita entre Sudáfrica-Angola-Cuba que dio por terminada una guerra entre 1975 -1990. Poco se supo y participación hubo en esa paz exitosa que derivó en la independencia de Namibia colonia sudafricana y el tránsito concertado de la extrema derecha sudafricana al Congreso Nacional Africano que lideraba Nelson Mandela. Poco también se conoció en lo público las complejas negociaciones secretas entre el gobierno ingles y el IRA, las que se dieron en su momento entre israelíes y palestinos o las que se dan entre el ELN y el gobierno de Uribe o el gobierno español y ETA. “Hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas” dijo José Martí, uno de los políticos más importantes de la historia latinoamericana, y eso es una realidad que no puede ser discutida aunque en las campañas políticas se diga lo contrario.

DEL TEMA DE LA MOVILIZACIÓN CIUDADANA

Pardo Rueda convoca y argumenta la necesidad de una movilización nacional para el tema del acuerdo humanitario, afirma que “Necesitamos una política activa, un clamor permanente para reclamar por una situación humanitaria que Colombia requiere resolver.” Cierto, pero el problema humanitario trasciende el tema del secuestro y llega al tema de las profundas desigualdades sociales, económicas y políticas que vive el país. La movilización ciudadana, el clamor nacional no debe quedar como consigna electoral que muestra la incapacidad del poder, vuelvo a insistir, de este o aquel Partido, del propio gobierno en el tema de los secuestrados. La convocatoria debe abarcar el tema del TLC, del hambre, de los desplazados, de los millones y millones de pobres en un país extremadamente rico pero con una distribución inequitativa en extremo.

Movilización ciudadana implica trabajar para construir un tejido social que articule lo que en otras partes es conocida por sociedad civil, pero que en el contexto de la realidad de este país no deja de ser un concepto para politólogos, cientistas sociales y textos. La realidad es que Colombia carece de una capacidad movilizativa organizada tras los asesinatos selectivos que aparecen recurrentemente cuando se amenaza el sistema de poder. La muerte asecha, las cifras están ahí, los muertos, desaparecidos también.

La libertad de los secuestrados es importante como importante es ver la movilización ciudadana como el elector directo o primario que ejerce su opinión pública por encima de los Medios de Comunicación y Partidos Políticos en temas tan trascendentales como el derecho a la vida, el trabajo, la salud y el rechazo a los acuerdos internacionales trabajados desde el poder y para el poder político.

BALANCE DESDE FUERA

La oportunidad de escuchar a Pardo Rueda en un ámbito universitario obligó en algo a disminuir que en plena campaña como precandidato liberal se quedara en propuestas carentes de análisis. Aquí tuvimos la oportunidad de escuchar análisis que más allá de compartirlos o no mostró la crisis de no pocos políticos colombianos para enfrentar la realidad con plena claridad. Pardo Rueda trato de ser agudo, pero fue conciliador. Trató de entrar en las causas del conflicto, las motivaciones pero quedó en la primera piel, no entró hasta donde duele. Su mirada ante los modelos de negociación “románticos” y “realistas” fueron un ejercicio intelectual limitado y pobre argumentativamente. No fue capaz de aceptar que la clase política tradicional liberal y conservadora es la expresión política de los centros del poder económico colombiano e internacional que temen y pueden todavía dilatar una negociación de fondo.

Finalmente, Pardo Rueda convocó a la movilización ciudadana por el acuerdo humanitario reduciendo el tema a los secuestrados sin entender que cualquier acuerdo humanitario más que un intercambio de personas es un cambio de realidades que agoten la viabilidad desde las ideologías, la política o la ilegalidad nuevamente una economía de la guerra, el miedo y el secuestro tras banderas de cualquier color o signos.

Finalmente, Pardo Rueda mostró edad y oficio político para arriesgar más para ser un candidato de renovación en el partido Liberal en las elecciones del 2010, lo que no mostró determinación real para dar ese cambio, jugo con la palabra, con la realidad, pero quedó donde están sus maestros de la política tradicional a diferencia de otro liberal como Carlos Gaviria que fue capaz sin reconocerse liberal la necesidad de romper esquemas a favor de la democracia colombiana.