08 octubre 2007

LA MIRADA DE MARIO TERÁN

Cuando terminó de disparar la segunda ráfaga cerca de la 1:10 p.m. de aquel día 9 de octubre de 1967, Mario entraba en la historia de la peor forma. Se situaba en el oscuro lugar de los decapitadores de primaveras, solo comparable a los soldados romanos que asesinaron a Jesús de Nazaret en el Gólgota; él, como aquellos legionarios romanos, era un triste hombre que se enfrentó ante la historia viva sin estatura moral y lleno de los miedos humanos.

Me imagino que igual les ocurrió a aquellos hombres que se ensañaron en el rebelde e inteligente Jesús, incando sus lanzas, dando vinagre en vez de agua, clavando los clavos chatos en las articulaciones de quien se negó a negar su condición de líder cuando fuera capturado en el Monte de los Olivos y la pasividad de su pueblo.

Me imagino a Mario Terán entrando de la luz del medio día a la oscura habitación de la escuela en el pueblo de La Higuera con una subametralladora que le pesaba una tonelada. Sus ojos trataban de acostumbrarse. Buscaba a su enemigo herido en pierna y hombro horas antes en el combate de la Quebrada del Churo. Allí estaba ya de pie, conocedor de que sería asesinado. Las miradas del guerrillero y el suboficial se cruzaron con los miedos de cada caso. Para uno, era el ver que moriría sin la oportunidad que dá el combatir de tu a tu, en igual de condiciones. Era lo impensado para él. Para el otro, el miedo era otro, era que ante sí estaba una leyenda viva, el hombre más famoso en todo el mundo por aquel momento, el comandante argentino-cubano, Ernesto Guevara, el CHE, que lo miraba tranquilo y sin opción de sobrevivir.

Se miraron un instante, sólo un instante: Ernesto no vio el rostro de Mario, la contraluz de la puerta no le permitió verle sus ojos asustados y su boca apretada.

Mario si vio la tranquila sonrisa, los ojos atentos y profundos fijos sobre sí. Mario conocía, que sus manos estaban sujetas con un cinturón, que estaba ya herido
Pero sintió miedo.

La voz de mando, la que no esperaba allí, la de Ernesto, le puso en alerta. Le quitó el seguro y la cargó.
… “se que viene a matarme, dispare que aquí hay un hombre ″, dijo el Che.

Salió la primera ráfaga pero los disparos pese a la poca distancia se resistieron a una primera trayectoria mortal y fueron a las piernas. Ernesto no dijo palabra, cayó al suelo esperando la segunda ráfaga que le dio en el pecho y el cuello. Mario esperó un momento, solo un instante y salió. Ernesto moría pensando que en cualquier caso era lo mejor así, antes que quedar prisionero allí o en cualquier base norteamericana del Canal de Panamá, el Guantánamo de aquella época.

El sol aturdió a Mario. La luz lo cegó. La historia lo cegó. El miedo lo cegó. La vida de Mario Terán comenzó a estar rodeada de miedos, de justos miedos ante tanta cobardía. Algunos dicen que era catarata, otros que otra afección ocular. Los que sabemos la verdad sabemos que ha sido la imagen de Ernesto creciendo durante cuarenta años en una América muy diferente a la que pensaron los que dieron y ejecutaron la orden de asesinato en La Higuera.

Mario ha pasado muchos miedos, pero cuarenta años después Ernesto, otro Ernesto, médico igualmente que aquel guerrillero herido y desarmado; cubano para mayor coincidencia lo mira nuevamente. Ahora el que está en la luz es Ernesto y Mario en la total oscuridad, no ve, está ciego o casi ciego. Lo único que ve es la imagen del CHE, que no se le borra, que no desaparece.

Ernesto ahora en Bolivia miembro de la colaboración médica cubana, lo opera sin saber que esos ojos fueron los últimos que vieran y quitaran la vida a Ernesto el guerrillero argentino por el que sus padres le colocaran su nombre. Ernesto solo sabe que es un boliviano enfermo, viejo, incapaz de tener una atención médica para mejorar la calidad de vida recuperando su vista. Lo opera, Mario le da las gracias sin identificarse.

Hoy, justamente hoy, cuarenta años después Ernesto en Venezuela, Mario Terán en Bolivia podrán ver, escuchar los múltiples homenajes a Ernesto, al CHE. Mario lo verá una y otra vez, durante todo el día, durante toda su vida y sabe que no tiene que temer de un ajusticiamiento revolucionario como a todos los que estuvieron vinculados de una forma u otra a su muerte. El es casi el único boliviano asociado a su muerte vivo.

Jesús sabía su destino. Ernesto también. Mario no, creyó ser el héroe y no entendió su triste lugar en la historia cuando su mirada lee y ve en todas partes aquella frase de su enemigo que se repite cuarenta años después:

07 octubre 2007

MI CHE

Por Pedro Pablo Aguilera
Hace exactamente, 40 años (1967) yo tenía diez años y mis padres me llevaron en la noche a la Plaza de la Revolución. Había miles de pioneros como yo con sus padres a escuchar lo imposible: El anunció de la muerte del CHE. Esa noche sentí miedo, todos lloraban, había asombro, rabia, consternación, el invencible guerrillero estaba repito, muerto. La Habana estaba terriblemente golpeada, en silencio.

Al otro día, todos quisimos ser guerrilleros. Así entré en la escuela militar Camilo Cienfuegos dos años más tarde porque quería ser como el CHE, sentía una ventaja con mis compañeros, yo era asmático, como el CHE. A los cuatro meses estaba en un hospital con un paro respiratorio y dado de baja, mis padres fueron regañados, pero no mucho.

17 años más tarde (1986) retome mi promesa de niño y fui voluntariamente, a Angola, África, fui combatiente en una guerra feroz y poco conocida contra el ejercito sudafricano y una guerrilla muy poderosa, pero contraria a los intereses nuestros en la Guerra Fría. Era la guerrilla de la UNITA, la de Sawimbi, que dice la leyenda de los africanos fue entrenado por el CHE, en el Congo donde había estado en 1965 tratando de hacer realiza aquella frase suya de “crear uno, dos, tres, muchos Viet-Nam”. Allí conocí el miedo, el miedo a la muerte y entender que en una guerra, se vive o se muere en cada combate sin importar por quien doblan las campanas.

Han pasado cuarenta años y el CHE sigue siendo mi referente, pero no en su condición de militar ya que supe cuanto se equivocó haciendo caso omiso de sus principios enunciados en su libro GUERRA DE GUERRILLAS y que por contraste en su DIARIO DE BOLIVIA puede cualquiera constatar un proceder errático, fatal y heroico.

MI CHE ES OTRO, es ese que poco se conoce, el CHE pensador, el polemista, el político que se enfrentó a su propia ortodoxia y la de los otros entre 1959 y 1965 en los debates económicos, políticos, filosóficos en la inédita construcción de un socialismo en pleno Caribe, lejos del Manchester de Engels, el Trevis de Marx y el Moscú de Lenin.

MI CHE es quién luchó contra la burocracia revolucionaria acomodada, el enfoque sectario de la política, la supeditación de la política local a la orbita del mundo bipolar y por ello defendió el No Alineamiento, es decir, la verdadera tercera vía para encontrar ese otro mundo posible, desde la lógica tercermundista.

MI CHE es el que rompió lanzas contra el burocratismo que con la salida de él de Cuba, se instauró hasta mediados de los 80 en que se le da razón al enfoque guevarista.

MI CHE comprendió que la voluntad, vale más. MI CHE le dio a la práctica revolucionaria valor ético real, con su ejemplo real. MI CHE convirtió la conciencia en un factor decisivo ante las dificultades imposibles.

MI CHE sigue siendo un ejemplo de gallardía y humanismo real con el trato a quienes quedaron transitoriamente como prisioneros.

MI CHE entendió la fuerza de la fe en las ideas por encima de las circunstancias. MI CHE creó el trabajo voluntario, el trabajo solidario para el bien de todos. MI CHE criticó, fustigó el acomodamiento, la burocracia y los privilegios de sus compañeros de viaje. MI CHE me enseñó que es posible pensar diferente a los maestros, a las autoridades aparentemente intocables, con honestidad y sin bajar la mirada.

MI CHE hoy está vivo no como un icono rebelde en una camiseta. MI CHE vive cuando somos éticos, solidarios; cuando damos el ejemplo más allá del contrato que nos obliga, cuando hacemos una crítica sin la intención de golpear bajo y sí de construir un mundo mejor. MI CHE está vivo cuando siento que me respetan pensar diferente porque diferente es la realidad para cada momento. MI CHE me abraza cuando sin prostituir mi pensamiento logramos hacer este mundo más equitativo, menos pobre y más culto.

Cuarenta años después de su asesinato a sangre fría bajo el mandato de la CIA, el CHE está con nosotros tan vigente en su imagen como el mismo Jesús.

El CHE, MI CHE, conversa con nosotros no como un guerrillero en plena selva, aunque las razones para la lucha sean fuertes como hace 40 años; el CHE, MI CHE, esta en cada victoria en donde se gane el respeto a la diferencia sexual, religiosa, de raza o cultural. MI CHE es heterodoxo, pero de izquierda. MI CHE es crítico, argumentativo y propositito.

MI CHE es tremendamente político. Ayer justamente, creí verlo con camisa amarilla, reconociendo las diferencias, luchando de mil formas sin sectarismos sin el temor de que volviera a pasarle lo mismo de hace 40 años atrás cuando quedo abandonado a su peor suerte.

MI CHE es mi colega que va a clases, enseña rompiendo esquemas, innovando, alentando el pensamiento crítico, la lectura atrevida, el debate respetuoso y la necesidad de hacer de nuestra universidad un espacio diferente, democrático y mejor en sí misma y para con los retos de nuestra ciudad.

En cualquier caso ese es MI CHE, compañero y amigo… ¿eres tú ese?